21/10/2009

ROGER CASEMENT: EL IRLANDES INCORREGIBLE (II)

Roger Casement vivió gran parte de su existencia entre dos grandes ríos: el Congo y el Amazonas. Salió de su nativa Irlanda a los 17 años, huérfano de una madre alcohólica y un padre pobre y errante, para no volver a vivir a ese país por cuya liberación moriría. Sus visitas al norte, donde pasó los mejores años de una niñez solitaria, serían esporádicas y nostálgicas.

Roger Casement fue ejecutado en la prisión londinense de Pentonville el 3 de agosto de 1916. Acusado de alta traición por haber buscado ayuda del imperio alemán para la rebelión nacionalista irlandesa de la semana santa de ese año, a Casement le negaron la muerte de los héroes. A diferencia de muchos de los líderes rebeldes capturados luego del fracaso del levantamiento en Dublín, el terminó en el cadalso y no frente a un pelotón de fusilamiento.

Pero quizá lo que más le duele al nacionalismo irlandés es la campaña de desprestigio que los servicios secretos británicos armaron con rapidez, poco después de dictarse sentencia contra Casement. En el decomiso de los efectos personales que Casement tenía en la casa que alquilaba en Belgravia, hallaron los diarios personales del acusado. En algunos de ellos, el irlandés incorregible describía sus aventuras homosexuales. Casement era un observador nato de la belleza masculina que lo atraía, y si podía, disfrutaba de la corporalidad de sus muchachos.

Al parecer Casement descubrió su homosexualidad en el Congo. Durante sus paradas obligatoria en Londres, por razones de trabajo, en Canarias o alguna isla española camino a Africa, o en las calles apenas iluminadas de Manaos, el cónsul salía en busca de aventuras. Nunca se enamoraba, lo que no significa que no le enviara flores a su amante brasileño antes de partir al Putumayo.

Los diarios de Casement, bautizados en inglés como Black Diaries ("Diarios Negros"), para diferenciarlos de los públicos, en los que describía atrocidades o lecturas, y que llamaron White Diaries ("Diarios Blancos") fueron transcritos con meticulosidad por amanuenses dilectos en las oficinas de los servicios de inteligencia en Londres.

Esa transcripción malévola circuló de forma amplia entre quienes habían montado una campaña para detener la ejecución de Casement. Después de todo, el gobierno tenía que neutralizar a aquellos nombres ilustres que consideraban excesiva la pena del juez. Ahí estaban George Bernard Shaw, Arthur Conan Doyle, el arzobispo de Cantorbery. Además, la campaña había llegado hasta al mismo gobierno de Estados Unidos.

Hoy, discriminar al homosexual es un delito en este país, pero en 1916, era delito serlo. El gay no era gay sino sodomita, con todo lo cruelmente descriptivo que tiene el término. Y Casement, que había ocultado su homosexualidad con mucho cuidado, nunca supo porque la campaña se desinfló. Porque la circulación de transcripciones, que llego a la mismísima casa real, funcionó.

Hoy, hay irlandeses que aún piensan que los "diarios negros" son una invención deshonesta de los británicos, una falsedad gigantesca destinada a desprestigiar al héroe. En 2001, el gobierno británico entregó los originales a un laboratorio caligráfico dublinés. Luego de un estudio exhaustivo, los expertos llegaron a la conclusión de que los diarios de Casement eran genuinos. Sus descripciones de jóvenes amantes eran innegables. Eso, por supuesto, no ha convencido a todos, y hay quienes aún se aferran a la teoría de la conspiración, como su tuviera la más mínima importancia que Casement fuera homosexual.

En todo caso, Roger Casement es una figura trágica que se presta a la literatura; su vida fue una aventura perenne, su ingenuidad es conmovedora y sus ideales están intactos. Casement tenía la costumbre de comparar la tragedia de los nativos congoleses y peruanos, cuyos derechos quiso defender, con la tragedia de su propio pueblo, a pesar de que la discriminación y los abusos en las selvas de Africa o la amazonía no se pueden comparar con lo que ocurría en Irlanda, sobre todo después de la hambruna de 1848.

Su furia por la explotación era genuina, su deseo de liberación encomiable y su ingenuidad comprensible. Por ello, el incauto que escribe estas líneas, seguirá escribiendo su libro de Casement, aunque tenga que tocar, después, todas las puertas del mundo para darle luz pública.

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